viernes, 3 de mayo de 2013

LA PRIMERA AVIADORA QUE VOLÓ A CANARIAS

     EL VUELO DE MARGA VON ETZDORF A LAS ISLAS

      Secundino E. Darias García, historiador experto en Aviación. Santa Cruz de Tenerife.
(Artículo publicado en el Diario de Avisos el 23 de enero de 2011).


Marga von Etzdorf se prepara para despegar desde Los Rodeos, Tenerife, tras su vuelo a Canarias en diciembre de 1930 
(Foto: Colección de Secundino E. Darias Gracía).


Antes del vuelo de la aviadora alemana Marga von Etzdorf, la primera mujer en llegar a Canarias en un avión, aunque como pasajera, había sido la británica Lady Gladys Cobham. Lo hizo en 1928 a bordo del hidroavión pilotado por su esposo, el famoso explorador aéreo Sir Alan Cobham. Sin embargo, ninguna mujer lo había hecho a los mandos de su propio aeroplano hasta que, en 1930, esta alemana acometió el reto de volar hasta las Islas Canarias en solitario a la edad de 23 años.
Marga von Etzdorf decidió ser aviadora a la temprana edad de diecinueve años en una época en la que la mujer piloto sufría una gran discriminación. Aunque no tan patente como en otros países, en Alemania las aviadoras sufrieron el machismo de alguno de sus colegas. A diferencia de otros países, como Gran Bretaña, donde la presencia de una mujer a los mandos de un aeroplano no causaba tanta crítica, las aviadoras alemanas tuvieron que demostrar aún más su valía. Tal vez por esa razón, sumada a ímpetu audaz, Marga von Etzdorf perseveró hasta convertirse en la primera mujer en el mundo en obtener los títulos de piloto deportivo, acrobático, de planeadores y comercial. Esta última licencia hizo que, en 1927, se convirtiera además en la primera aviadora en volar en una línea aérea. Entró así en la plantilla de Lufthansa como copiloto de un Junkers F.13 en la línea Berlín-Breslau y, posteriormente en la más larga conexión internacional Berlín-Stuttgart-Basilea. Tres años más tarde, inició una serie de grandes vuelos en solitario, destacando entre las aviadoras de su país como la pionera de los denominados raids a larga distancia. Para ello, adquirió una avioneta Junkers A.50 Junior a la que bautizó con el lema Kiek in die Welt, traducido como Mirando al Mundo, expresión que resumía su anhelo de volar por todo el planeta. El verano de 1930 realizó su primer gran vuelo entre Berlín y Estambul, sobrevolando los Balcanes y regresando a la capital alemana a través de los Cárpatos y Polonia. Tras este éxito, se planteó ese mismo año el proyecto más ambicioso de volar a Canarias.

El vuelo hasta Gran Canaria


La aviadora retratada en la época en la que voló a Canarias 
(Foto: Colección de Secundino E. Darias Gracía).
En el viaje, iniciado en Berlín el 14 de noviembre, efectuó escalas en Suiza, Francia y España. Luego afrontó la arriesgada etapa del cruce del Estrecho de Gibraltar, alcanzando Rabat y, más al sur, Agadir. Sin embargo, uno de los tramos más peligrosos a los que debía enfrentarse estaba más al sur, entre esta localidad del Marruecos francés y la escala de Cabo Juby (actual Tarfaya) en la entonces colonia española de Río de Oro (hoy Sáhara Occidental), última escala antes del salto a Canarias. Aquella era una zona peligrosa en la que habían sido secuestrados varios aviadores, quienes, por averías en sus aeroplanos, se habían visto en la necesidad de aterrizar en esta franja del desierto. Por entonces, Ifni, territorio bajo jurisdicción española, aún no había sido ocupado, no existiendo en él ninguna guarnición que pudiese servir ni de refugio ni de escala. Ese mismo año, en la propia zona de Río de Oro, habían sido rescatados algunos aviadores militares españoles que se habían extraviado en el desierto. A pesar de estos riesgos, la Junkers Junior, una avioneta completamente metálica y resistente, demostró una gran fiabilidad. La propia aviadora se encargaba personalmente de su mantenimiento gracias a sus conocimientos de mecánica. Así, ya a comienzos de diciembre, Marga von Etzdorf llegaba a Cabo Juby, donde el destacamento español y el personal de la compañía francesa Aéropostale, que realizaba la conexión con Sudamérica, la recibieron calurosamente. Ahora sólo quedaba volar a Canarias.
El día 6, emprendía otra etapa peligrosa, el salto a las Islas. El tiempo parecía razonable, por lo que, aquella mañana, la aviadora volvió a subirse sobre su pequeño aeroplano y alzó el vuelo desde el campo cercano a aquel fuerte español. A pesar de los riesgos del nuevo tramo, casi una hora más tarde del despegue, distinguía la silueta de Fuerteventura bajo las nubes que cubrían esta isla. Luego, siguió a Gran Canaria y, minutos más tarde, volaba a gran altura sobre Las Palmas. Pasadas las 12:00 horas, ya se aproximaba a Gando, y a las 12:20 aterrizaba en su campo sin  mayores contratiempos. Allí, un gran gentío la esperaba, a cuya cabeza se encontraban representantes de las instituciones locales y el cónsul de Alemania en esta isla, Walter Sauermann. Tras los elogios de los asistentes fue trasladada en coche hasta la casa del cónsul, donde pasó el resto de la jornada.
Al día siguiente a su llegada, domingo, se celebraba una fiesta de gala a la que fue invitada por las autoridades locales, y a la que asistieron el propio cónsul, el gobernador civil, el presidente del Cabildo y el alcalde de la capital grancanaria. En ella, se planeó un recorrido para el lunes por el norte de la isla hasta Agaete. Por la mañana, se trasladaron en automóvil, lo que permitió a la aviadora el observar los grandes cultivos de plátanos y sus charcas, donde se almacenaba la indispensable agua para regarlos. Siguieron su periplo por el norte de la isla hasta llegar a Agaete, donde quedó admirada por su paisaje, del que llegó a afirmar que era uno de los más hermosos que había visto en su libro publicado en 1931, que llevó el lógico título de Kiek in die Welt. En el mismo municipio, se organizó un almuerzo donde fue sumamente agasajada. Allí, entre vítores, descubrió el vino local, del que también llegó a hacer elogios.

Llegada a Tenerife


Marga von Etzdorf junto a su Junkers A.50 Junior, 
la avioneta con la que voló a Canarias 
(Fuente: wienbibliothek.at).
El día 9, la aviadora despegó rumbo a Tenerife. En su aproximación a esta isla, se dirigió a Santa Cruz sobrevolándola hacia las 13:00 horas, para, minutos después, aparecer en el cielo de La Laguna en dirección a Los Rodeos, donde realizó un magnífico aterrizaje. De nuevo, los representantes locales, el cónsul en esta isla, Jacob Ahlers, el vicecónsul Ernst Groth, numerosos tinerfeños y alemanes residentes, y periodistas de varios medios le rindieron una calurosa bienvenida. La aviadora, también muy agasajada esos días por sus nuevos anfitriones, no perdió la oportunidad de realizar un recorrido turístico por Tenerife. Acompañada por las esposas del cónsul y el vicecónsul, se dirigió al norte. Visitaron el Valle de la Orotava y, poco después, el Jardín Botánico en el Puerto de la Cruz y almorzaron en el Hotel Martiánez. De regreso a la capital, visitaron la Iglesia de La Concepción en La Laguna, donde hicieron un especial elogio del púlpito. Allí, firmó en el libro de visitas con la frase: “Aviadora mirando al mundo”, antes de regresar a Santa Cruz. 
Su marcha del Archipiélago se efectuó el día 11. Aquella mañana, algunos de los asistentes echaron una mano para recolocar la avioneta en el campo de Los Rodeos antes del despegue. La aviadora se despidió del público y puso rumbo directo a Cabo Juby. No se la pudo contemplar bien a su paso por Gran Canaria, ya que volaba a gran altura. Esa fue la última oportunidad para verla sobre las Islas. Marga von Etzdorf se llevaba muchos recuerdos que quedarían plasmados en su libro y algunas fotografías aéreas de las Islas, entre ellas, las del Teide y de la capital grancanaria. A su regreso a Cabo Juby, los aeroplanos del destacamento español volaron para encontrarse con ella sobre el océano y escoltarla hasta el campo de aterrizaje de aquella guarnición. Días después, la aviadora regresaba a Europa volando a través de Marruecos, Túnez y Argel, con la idea de cruzar a Italia rumbo a Alemania, ya en enero de 1931. Pero el éxito del viaje se truncó por un accidente en Sicilia, donde su avioneta quedó inutilizada para poder continuar rumbo a Alemania. 
El mayor éxito de Marga von Etzdorf fue su vuelo entre Berlín y Tokio realizado en 1931 en el mismo Junkers A.50 Junior con el que había volado a Canarias el año anterior. En la foto, la aviadora es condecorada tras su llegada a la capital japonesa. En el extremo izquierdo, vemos a su marido Hasso von Etzdorf. Se puede observar en el rostro de Marga el curioso bronceado resultado de la constante exposición al sol de la parte inferior de su rostro. (Foto: Bundesarchiv vía Wikipedia).
 Este accidente no hizo desistir a la tenaz aviadora y, ese mismo año, volvió a tomar los mandos de su Kiek in die Welt para desarrollar otro vuelo audaz de Berlín a Tokio sobrevolando los Urales y atravesando Siberia. Fue la primera aviadora en volar sobre estas tierras. El éxito del vuelo, realizado en 11 días, la recompensó con nuevas apariciones en los titulares de la prensa y con homenajes en Japón. Desafortunadamente, al intentar regresar con la avioneta, ésta sufrió otro accidente. La Junkers, que tanto había compartido con la aviadora, fue vendida finalmente en Japón, donde terminó sus días. Decidida a superar este vuelo, en 1933, Marga von Etzdorf intentó el vuelo entre Alemania y Australia a los mandos de una nueva avioneta, una Klemm Kl 32a. El desarrollo del itinerario marchaba sin ningún contratiempo en sus primeras etapas hasta que intentó la escala en Alepo, Siria. El fuerte viento en la zona hizo levantarse nubes de arena mientras intentaba la maniobra de aterrizaje. La escasa visibilidad motivó que no pudiera calcular bien la distancia y se estrelló contra una valla cercana al campo. La aviadora no salió mal herida pero su aeroplano quedó destruido. Marga von Etzdorf quedó profundamente desmoralizada. Un oficial francés la tachó además de absoluta incompetente. La aviadora, sumida ya en una crisis nerviosa, se encerró en una habitación, tomó su pistola y se quitó la vida. En Alemania, su trágica muerte causó una gran conmoción y en su funeral se le llegaron a rendir honores propios de un jefe de estado. Quedaba así truncada la vida de la aviadora que quiso volar por todo el mundo.

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